Camino PRIMITIVO 11ª jornada

Ferreira – Melide

Hoy, como era de esperar, al llegar a Melide e incorporarme al Camino Francés, se diluía y perdía, casi de golpe, la magia y el encanto vivido en los últimos diez días, desde que saliera de Oviedo.

Esta mañana, de manera inusual, empezaba a caminar tarde, casi de día. Eran las 07:53 cuando me hacía la foto que, acto seguido, enviaba al grupo familiar y, tras poner en marcha el podómetro del reloj, comenzaba a caminar….

Lo hacía por la carretera local que había justo a la puerta del albergue Ponte Ferreira. Un local que vive por y para el peregrino, pero que no vive mal… botellín de Estrella, dos euros; café solo o cortado, dos euros; dormir en litera, quince euros; menú, bastante básico, quince euros…. Teniendo en cuenta que no había más oferta que esa en cinco kilómetros a la redonda, salvo la cantina de Ferreira, aproximadamente a un kilómetro y que solo verla por fuera, como que invitaba lo justo a desandar un kilometro para ir a tomar algo y volver andando otro kilometro, y además lloviendo… vamos, que los del albergue no lo tienen mal montado, y GRACIAS, pero un poco abusivo en cuanto a precios… todo hay que decirlo.

Faltaba aún algo más de veinte minutos para que la claridad grisácea del día permitiera ver si la luz frontal de la gorra. Por detrás el led rojo parpadeando, igual que el blanco en el hombro derecho. La linterna la llevaba en la mano izquierda, más por costumbre que por necesidad… había leído que el Camino continuaba durante dos kilómetros por esa estrecha carretera local, para luego abandonarla por una pista de tierra que salía a las izquierda,  introduciéndose de inmediato en una agradable zona boscosa.

Poco antes de alcanzar la desviación, al fondo, enfrente, el negro asfalto se perdía ya no en un cielo negro, sino en un cielo gris… estaba empezando a amanecer y lo hacía como estos últimos días, de manera tenue y nublada…

La jornada ha alternado el caminar por pistas, senderos, caminos, asfalto… surcando prados, distintos tipo de bosque, hoy ya con bastantes eucaliptos, atravesando pequeñas aldeas, de distintas parroquias y al menos tres o cuatro Concellos. Con agua de quita y pon, como el chubasquero de “cirujano”… hoy me lo he vuelto a poner y a quitar otras cinco o seis veces… no molesta puesto, porque no pesa y es cómodo, pero si lo llevas puesto y no llueve, como no transpira, pues, por mucho que lleves la cremallera de la chaqueta abierta, sudas más de la cuenta y en el Camino sudar es casi siempre peor que mojarse por fuera con la lluvia, ya que es más fácil de enfriarse cuando dejas de sudar y, por ejemplo, sopla algo de viento fresco.

En mi caso, llevo algo resfriado desde el sábado, cuando llegue a A Fonsagrada, lloviendo y sudando, y me quede frio, bajo el pórtico de la iglesia, esperando a que abriesen el albergue que estaba en frente. No es mucho, estoy bien, pero todos los días o sudas o te mojas,, o las dos cosas… Por suerte no empeora, pero tampoco se dan las circunstancias idóneas para quitarme de encima el pequeño resfriado… Paracetamol, descanso y buenos alimentos, siempre que se pueda… esa es la receta que estoy aplicando a diario.

Hoy he vuelto a caminar en solitario. Reconozco que me gusta y lo disfruto sobre manera. Caminando conmigo mismo y escuchando a mi organismo… (rima absurda a parte), hoy he seguido escuchando, valorando y “discutiendo” mis pensamientos… Al final no ha trascendido y hemos quedado como amigos pero, sinceramente creo que viene muy bien sincerarse con uno mismo de vez en cuando.

Desde el primer momento, hoy era consciente de estar viviendo el último día de este maravilloso Camino Primitivo en condiciones optimas. Mañana, las subidas y bajadas, como en los últimos dos días, ya no serán lo que han sido. Los perfiles, desniveles y exigencias decaerán muy notablemente pero, a pesar de ello, parecerá que uno vaya montado en el Dragón Khan, la montaña rusa de Port Aventura y no por la agresividad del recorrido, sino porque parecerá estar inmerso en el parque temático de «El Camino de Santiago».

El Camino Francés y Primitivo, como ya he comentado con anterioridad, se juntan en Melide, a escasos 52 Km de Santiago de Compostela, hasta ahí todo normal… hay otros Caminos que confluyen en un punto para entrar por el mismo sendero hasta Santiago, véase el caso del Camino de Invierno, que tuve el placer y sufrimiento de hacer el año pasado y que, en Silleda se une al Camino de la Vía de la Plata y al Camino Sanabrés. La diferencia entre Melide y Silleda es enorme, proporcional al volumen de tráfico que generan…

Tomando como referencia el número de peregrinos que llegaron ayer a Santiago (y recogieron la Compostela) 1.452 peregrinos. Por estadística e histórico, al menos el 70 por ciento llega por el Francés (1.000) y seguramente, de ellos, el 85 por ciento lo hace habiendo partido desde Sarria (entre 800 y 900), el resto llega por el del Norte, el Portugués, Inglés, Primitivo, Sanabrés, Vía de la Plata y otros… lo cual evidencia que a diario, las jornadas que separan Sarría de Santiago, son como ir en romería… con lo que ello supone… grupos, jolgorio, masificación, oferta, servicios…

Abundancia de todo, menos de la esencia del Camino… que no esa que esté mal, eh!!! Que seguro es divertido… pero no es lo que busco cuando hago el Camino… claro, es el problema de haber elegido estas fechas tan tempranas, en octubre, en las que todavía hay mucha gente. Ahora bien, todo lo que desde Melide pueda no ser tan agradable, si lo ha sido en las jornadas desde Oviedo hasta haber llegado aquí… Ha sido muy de agradecer que hubiese gente, de otro perfil, más peregrino sacrificado, del que exige porque paga, pero que siempre lleva por delante su agradecimiento. Esto que me he vuelto a encontrar hoy es otra cosa… 

Hace tiempo leí algo que me hizo pensar y me marcó a la hora de hacer el Camino… <el peregrino agradece, el «turigrino» exige>

Llegar a Melide haciendo desde el Primitivo, es un shock, no traumático ni irreversible, pero si impacta… vienes del recogimiento, de la exigencia, de la austeridad en recursos y servicios y llegas a los últimos cincuenta kilómetros del Francés… por poner un ejemplo que lo escenifique… es como el que se queda traspuesto, siesta ligera, sobre la arena de la playa de una cala en Menorca, por ejemplo Mitjaneta, después de comerse un bocadillo y tomarse una cerveza, y se despierta, con horror, en en la playa de Levante de Benidorm, con una «paella» y una cubitera enfriando la botella de vino… pues eso, es agua, es playa, es comida y bebida… pero nada tiene que ver… ahora bien, hay gente y gustos para todo, y todos muy respetables.

Hasta hoy he estado en albergues públicos (municipales) y privados, con capacidad aproximada de entre 24 y 32 peregrinos… hoy estoy en el albergue público con capacidad para 140… poco más que decir… solo añadir que además está la gran oferta que existe en Melide; bastante más de una veintena de establecimientos privados, muchos de ellos colgando cartel de “completo”. Algo que se sucederá, desde hoy, hasta el viernes que llegue a Santiago…

Mañana tocará llegar a Arzúa, jornada muy corta, pero que haré a primera hora, posiblemente antes de que amanezca, por eso de que el recorrido y los paisajes no son nuevos y lo que buscaré será el sosiego que tanto falta en estas jornadas…. Pero eso será ya mañana, por que mañana… mañana más!

#BuenCamino