Camino PRIMITIVO 6ª jornada

Berducedo – Grandas de Salime

Jornada de transición, tratándose del Camino Primitivo… en otro, posiblemente, hablaríamos de jornada rompe piernas, pero llevando lo que llevamos, viniendo de donde venimos…. Lo de hoy, aún con agresivos saltos de desnivel, ha sido, casi, pan comido.

Hoy he seguido el plan que ayer, mentalmente, me marqué, haciendo gala del apodo “Cuadriculillas”, puesto por quien más y mejor me conoce (además de quién más me quiere) mi circulo más cercano y familia en primer grado, Marian, Alicia y Carlos…

Hoy, de principio a fin, nada iba a depender de nadie, sino exclusivamente de mi… La hora de salida, el ritmo, mis pensamientos, parar o no parar a lo que fuera… hacer fotos, beber, quitarse una prenda cuando hiciera más calor… hoy me iba a dedicar el día a mi e iba a ser según mis necesidades y criterio. Llamadme egoistón.

Salía del albergue municipal de Bermucedo a las 07:11. Foto. Envío al grupo familiar, aunque no supiese cuando iba a enviarse, la cobertura en la zona donde estaba ubicado el albergue era pésima, y a caminar en solitario.

Cuando empezaba a caminar lo hacía con la certeza de tener por delante una jornada corta, en la que iba a tener algunas subidas, no muchas pero importantes a tenor del perfil que había visto en gronze.com y sobre todo un gran bajada… todo el mundo habla de ella en este Camino Primitivo, la bajada al embalse de Salime, pero yo, después de lo vivido en los veinticuatro kilómetros de la jornada de ayer, y haciendo comparaciones del perfil sobre el papel, o mejor dicho sobre planos de ambas jornadas consultados en gronze, me pareció más leyenda que realidad…

La primera media hora larga de hoy ha sido algo estresante, obviamente no por ir solo, tampoco por caminar en la oscura noche, para eso llevo los apoyos lumínicos… luz frontal en la gorra, les rojo intermitente en la espalda, no para ver pero si para ser visto, la luz blanca intermitente en mi hombro derecho, asida al tirante de la mochila, y la linterna en la mano izquierda , a que que solo recurro como ayuda para localizar indicaciones donde se abren distintas opciones a seguir. Este ha sido el único motivo de mi estrés a primera hora de la mañana…

Esperaré al final para hacer una valoración personal y general todo el Camino Primitivo, pero vaya por delante un pequeño “spoiler”… El Camino Primitivo, siendo sin duda el más bello y completo en cuanto a diversidad de terrenos, paisajes, perfiles y exigencias… de los que he podido recorrer y disfrutar, también es, con creces, el que más margen de mejora tiene en cuanto a señalización… nada que no se pueda solventar con interés, recursos y cierto mimo o cariño por parte de la administración competente… digamos, por ejemplo, el principado de Asturias.

Hoy ha sido una verdadera yincana, poder dar con el sendero correcto en la oscuridad. A parte de la falta de luz, solo reprochable a mi persona, por esta manía a salir de noche para poder disfrutar de un amanecer lejos de una población, el resto son atribuibles a dos factores, las instituciones y los vándalos… los primeros que deberían velar mínimamente por la seguridad de los peregrinos, tanto acondicionando andaderos seguros en los tramos de carretera compartida por vehículos y peregrinos, como incorporando señalización clara y suficiente para evitar dudas o la perdida de algún peregrino que le haga caminar en dirección errónea obligándole a desandar una vez que constate no ir en la dirección correcta. Los otros, los vándalos o gentuza que deteriora, rompe, arranca, destroza la señalización, esos necesitan principalmente educación y capacidad de respeto… y eso hace tiempo que dejo de darse como norma en las escuelas, pero sobre todo en las casas, contra eso, poco se puede hacer más que invertir periódicamente recursos para el mantenimiento de esa señalización, hoy en día muy deficitario…

En los primeros dos kilómetros he tenido que parar hasta en tres ocasiones, casi el mismo número de veces que encontraba un cruce de senderos ya a las afueras de Berducedo, obligándome a parar a mirar en todas direcciones en busca de una flecha amarilla pintada en alguna estaca de una linde, o de un árbol, de una piedra cercana al Camino, algo que me revelase y confirmase cual era la dirección correcta a tomar, en dos ocasiones o optado por la que me parecía debía de ser según lo que había leído, pero sin la certeza de ser la dirección correcta, hasta que, por suerte, unos metros más adelante, cientos en algún caso, hallaba una señal que, además de confirmar había acertado e iba por el buen camino, me aportaba la tranquilidad y confianza que no había tenido conmigo desde el último cruce… como digo, cierto estrés, inseguridad y sobretodo ganas, interés, recursos y amplio margen e mejora en lo referente a señalización del Camino.

Cuando ya había dejado atrás la pista de tierra y piedras que, por lo que intuía, discurría por algo así como una zona boscosa, cuando faltaban pocos minutos para las ocho y caminaba por la carretera que me debía llevar al primer y único pueblo de la jornada de hoy, La Mesa, no era ya estrictamente necesaria la luz del frontal, por lo que la apagaba y dejaba encendido el intermitente del hombro derecho para ser visto por los coches que pudieran venir de frente, lo que me alcanzasen por detrás verían el intermitente rojo. La linterna la seguí llevando en la mano por si surgía alguna duda más, aunque no creía que fuese necesario, la carretera me llevaría a La Mesa, continuaría por ella dejando atrás el pueblo, lo peor del día ya había pasado, y no había sido atribuible ni a la ortografía ni al firme, solo a la mano del hombre, por defecto en el caso de las instituciones, por exceso en el de los vándalos.

Justo nada más pasar el único albergue de La Mesa, donde se veía a algunos peregrinos con los preparativos para iniciar la jornada, me encontraba con el amanecer a mi derecha y con una larga carretera de frente, en considerable subida, por la que trepaban algunos peregrinos que se habían incorporado al Camino en el albergue que acababa de dejar atrás. La subida era como la pintaban en el mapa, una rampa dura, exigente… pero de asfalto, llevadera en mi caso que ya venía caliente de los poco más de cuatro kilómetros recorridos, pero bastante fastidiada para el que acababa de comenzar a caminar sin calentamiento previo… ha sido poco más de un kilometro en el que he dado alcance a tres peregrinos, una chica que iba sola, a la que he deseado buen Camino y no sabría decir si ella me ha podido responder, iba asfixiada la pobre (la subida se las trae para se inicio de jornada) y una pareja que quizá podrían ser jubilados holandeses, pero también empresarios alemanes, o funcionaros belgas o franceses… vamos que no sabría decir ni su nacionalidad, ni su edad… incluso ni si eran pareja, pero si eran dos, un hombre una mujer y hoy no celebraban el día de la hispanidad… algo que yo si he hecho, portando en la mochila, bien visible, como todos los días mi cinta del Pilar de la bandera de España.

Tras la imponente subida, abandonaba la carretera por la derecha y tomaba un camino en leve descenso que me llevaba primero a una ermita y posteriormente, tras pasar una de las cancelas de ganado, de depositaba en la mítica bajada al embalse, el cual ya se podía ver aun que mínimamente por la izquierda, así como parte del recorrido que tenía por delante, en bajada… y si, se veía que había desnivel, mucha caída. Imponía ver donde estábamos ambos, el agua y yo, sabiendo que era yo el que tenía que avanzar y moverme para llegar hasta allí, pero por lo que hasta el momento podía ver, se trataba de una bajada progresiva, muy larga, pero no una pared vertical como la de ayer al pasar el puerto de Palos.

La bajada ha sido larga, muy larga, más de una hora y media hasta llegar a la presa del embalse de Salime, por distintos terrenos e inclinaciones, pero sinceramente, muy agradable para la vista y menos agresiva de lo leído y esperado para mis piernas. Una vez abajo, tras cruzar el embalse por la carretera sobre las compuertas, solo quedaba caminar por la carretera en dirección a Grandas, a unos siete kilómetros, admirando de vez en cuando, al otro lado del embalse, en paralelo, la enorme pendiente de la gran montaña descendida hacia unos minutos, impresionante verlo, más que descenderlo.

Desde la presa ha sido una hora y cuarto de caminar por esa carretera que, cuando bajaba hacia el embalse, veía al otro lado y me preguntaba si sería la que tendría que caminar para llegar a destino, ya que era lo que aparentemente parecía, pues no se veían o intuían más opciones, y que una vez abajo se ha confirmado. Esa carretera no la he soltado hasta un kilometro y media antes de llegar, cuando una indicación bien puesta, me ha desviado a la izquierda, a través de un bosque, por un sendero precioso, donde la vegetación colmaba cada rincón, y dejaba solo hueco al sendero que me iba a llevar hasta mi destino de hoy Grandas de Salime, donde además hoy, me iba a permitir el lujo de dormir en un albergue privado al que había llamado sobre las 09:30, cuando bajaba hacia el embalse, para garantizarme cama en una litera… 

¿Por qué albergue privado hoy? ¿Qué diferencia hay con uno municipal si al final se duerme también en una litera? Pues para mi sencillo… albergue privado hoy porque quería hacer colada y en el privado me garantizo que hay lavadora y secadora, aunque la tenga que pagar, lo prefiero a arriesgarme a que en el municipal no haya lavadora o funcione de aquella manera… en en esos pequeños pero importantes detalles donde, normalmente, estriba la diferencia de un municipal o publico, en la calidad de los servicios, el mantenimiento y cuidado de todo el mobiliario y electrodomésticos disponibles… el municipal de ayer en Bermucedo me costó seis euros, el privado de hoy en Grandas, quince, más los ocho del lavado (cuatro lavadora, cuatro secadora) pero el precio, al menos para mi, lo justifica y total es un día, de vez en cuando, cuando tiro la casa por la venta… además hoy es un día importante, es el día de la Virgen del Pilar, el día de Zaragoza, capital de Aragón, comunidad autónoma querida y amiga, además de ser el día de la Hispanidad, y hay que celebrarlo mientras nos dejen y podamos hacerlo abierta y alegremente, quien sabe si el día de mañana tendremos que hacerlo a escondidas y de manera clandestina… por eso hoy, a dormir como un señor, que lo mío me cuesta! Ya habrá tiempo mañana, en A Fonsagrada, nuevo destino, de dormir en el albergue municipal… pero eso será ya mañana, porque mañana, mañana más!

#BuenCamino