5ª Camino de Invierno

Quiroga a Monforte de Lemos · 35,4 km · 6h 57m

¡Misión cumplida! Y sorprendentemente, antes y mejor de lo esperado.

Puedo decir que anoche, dormí y descanse en condiciones. Cierto es que no del tirón, hubo dos tandas, de inicio, sobre las 22:45, hasta las 03:15, y desde aproximadamente las 4 hasta las 6:30. Pero bien dormido y mejor descansado.

La habitación del Hostal Quiper, sin tener grandes lujos, tenia algo mas que lo indispensable y encima con un encanto modestamente acogedor. Lo cual, después de la pesadilla de la noche anterior, era muy de agradecer, además de necesario.

Me levantaba a las seis y media para empezar con las rutinas; ducha, estiramientos, recoger, organizar y guardar todo, vestirme, el tratamiento diario en piernas y pies, calentar un poco las articulaciones y cargar con la mochila para, una vez abandonado el hostal, desayunar en la cafetería anexa, en el mismo edificio.

Cuando entraba me llevaba una grata sorpresa. En es momento me cruzaba con una peregrina que se disponía a salir para emprender la jornada. Solo puedo decir que… a tenor de su reacción y respuesta, cuando la saludé con un “buenos días, buen Camino”,  no era española. Además de su altura, incluso más alta que yo, que ya es decir… balbuceo algo ininteligible, en voz baja y sin mirarme, por lo que además de guiri (al menos para mi) era reservada y madrugadora.

Soltaba la mochila, el bordón y pedía un cortado con leche fría y una tostada, que finalmente fue de pan de barra, con mantequilla y mermelada de fresa. Desayuné saboreando ambas cosas. El café por esta zona, habitualmente es rico y servido a mi gusto, corto, tipo express, y con dos gotas de leche fría. En la mayoría de los sitios suele ser de la marca Oquendo; que no es un dato trascendente, pero sí curioso y, para mí, a destacar.

En poco más de quince minutos, estaba en la puerta del local, con la mochila a los hombros y haciéndome la foto para anunciar a los míos que partía, eran las 07:44. Por delante poco mas de 35 km y, también hoy, con pocos pueblos y menos servicios entre medias.

La mañana de esta 5ª jornada era la fresca hasta el momento. La sensación era agradable pero fresquita. Miraba el teléfono para comprobar la temperatura que marcaba en ese momento y ponía 7º, una temperatura perfecta para caminar, y además sin lluvia. Ya estaba amaneciendo y se veía un cielo despejado. Por lo que había podido ver mientras desayunaba en la televisión del bar, parecía que mañana podría entrar agua `por esta zona, o sea que había que aprovechar para disfrutar del día despejado.

Enfilaba la travesía que me conduciría a las afueras de Quiroga, hacia alguna foto, con los tonos rosáceos del cielo al amanecer en el fondo, y dejaba atrás las últimas casas para cruzar bajo un puente la N-120 y empezar a caminar por la carretera local que pise ayer durante kilómetros, la LU-933. Miraba a lo lejos en la recta, para ver si localizaba a la peregrina que me precedía, pero no se atisbaba ninguna mancha roja a lo lejos; ella llevaba un poncho rojo grande, de los que cubre cuerpo y mochila, colgado, cubriendo la mochila y a mano por si le sorprendía la lluvia. Di por hecho que, o iba a muy buen ritmo, lo cual me pareció poco probable pues me pareció que iba pelin tiesa, por su forma de andar cuando la vi que iba a salir y bajar el escalón, o como me temía, había acogido un desvío que había nada más pasar bajo la nacional, siguiendo las indicaciones de un mojón oficial, y que llevaba por la población de San Clodio, al parecer, según había leído en Gronze, un rodeo absurdo de algo mas de un kilometro y que posteriormente vuelve a depositarte en la misma carretera local, por la que yo tiraba siguiendo esta recomendación y por la que he continuado durante aproximadamente 5 km, algo mas de los tres últimos en ascensión, hasta que he cogido una pista forestal zigzagueando la falda de la montaña de lo que seguramente fue un bosque precioso de pinos y que, no sé cuándo, debió ser también pasto de las llamas. 

Es desolador, triste y da mucho que pensar cuando durante más de una hora y media se camina por una extensión de terreno que fue calcinada y posteriormente talada, aún con la maquinaria utilizada para sanear la zona, con los troncos y la maleza apilada y con grandes montañas de viruta de estos restos tras haber sido manipulados y reciclados seguramente con alguna finalidad      que desconozco. Se te encoge el alma y entristece el semblante, además de pensar cómo tiene que ser vivir ese horror en primera persona, como vecino o coincidiendo de peregrino con algo así siendo devorado por el fuego.

Hoy, el primer pueblo estaba en el km 13,5, Carballo de Lor, al que llegaba pasadas las diez y cuarto. Mentalmente hacía mis cálculos y estaba ilusionado, llevaba un tercio de la jornada y me encontraba bien, esto quería decir que, entre las 14:30 y las 15:00 podía estar en destino. Que no es que me obsesione el tiempo que tarde en llegar, pero si me sirve de compañía a mis pensamientos y como juego para calcular, cuanto me falta, cuanto llevo, sobre que hora llegaré a tal punto, es una forma más de estar entretenido, aunque yo, como paro para hacer fotos y mirar por aquí o por allá, pues es solo eso, un calculo, no una media o una estadística…

Hoy había dividido mentalmente la jornada, y tomado como referencia, en tres puntos clave, el primero el que acababa de atravesar, Carballo de Lor en el 13,5; el siguiente era A Proba do Brollón, en el 23, el primero donde además había servios de restauración y posibles alojamientos, por si la jornada se daba mal, poder parar para hacer noche, de hecho en algunas guías las jornada de hoy termina en este punto y la siguiente te lleva hasta Monforte, yo ignoré esto, suman do las dos para ganar un día, pero con la opción de hacer cambios si hoy no fuese fino. El tercer punto de referencia obviamente era el destino.

Por medio había otras poblaciones, separadas entre sí por unos dos y pico y unos cinco kilómetros, no muchas, pero todas sin servios, por lo que simplemente era un punto de paso.

A las doce y cuarto alcanzaba el segundo punto, A Proba de Brollón y en la calle principal una taberna, La antigua, que me guiñaba el ojo, me ponía caritas y me invitaba, sin que nadie la oyese, solo yo, “tenemos unos tercios de Estrella Galicia y unas tapas que no te puedes perder”. Como os podéis imaginar, no pude no hacer caso a esa llamada. Entre para soltar la mochila, sentarme a la barra en un taburete alto, pedir la sugerencia de la voz, un tercio de Estrella de la buena, Galicia, no de la otra, Dam, e improvisar una tapa de oreja con su pimentón picantón… Además pedía una botella de agua para llevar, la que llevo es de las muy blandas y ya sabía un poco a plástico. He dedicado algo más de un cuarto de hora a disfrutar del momento, además de a estirar un poco el lomo y a mover sutilmente articulaciones de rodilla para abajo.

Después de cargar nuevamente con la mochila salia y enfilaba Camino con la mente puesta ya en Monforte de Lemos. Seguía yendo bien, de fuerzas y mentalmente como un toro, de molestias… más como una cabrilla… pero con seguridad y certeza de que aún que tocase sufrir un poco, esto de hoy iba a estar hecho sí o sí, y más con el refrigerio que me acababa de permitir.

Poco antes de las 13:15, cuando me disponía a afrontar la última subida, pasado el pueblo de Cereixa, faltando como 9 o 10 kilómetros para llegar a Monforte, he tenido el avistamiento! Más o menos a la mitad de una fuerte subida que se veía al fondo, por el centro del camino, con arboles a ambos lados, subía la que podía parecer en la distancia Caperucita Roja, pero yo sabía era la peregrina extranjera e introvertida que había visto esta mañana en la cafetería. Me fijaba como objetivo mantener ritmo para intentar darle alcance. Era subida, yo iba bien, a buen ritmo pero ella también. He recortado algo la distancia durante la subida pero, una vez coronado, la distancia se ha mantenido, fluctuando levemente durante los últimos siete u ocho kilómetros, pero sin llegar a darle alcance, lo cual me ha servido para hacerme una idea, la mía, que no tiene porque ser la correcta, pero me ha servido también para estar distraído, mientras caminaba deseando llegar e ignorando las molestias… 

Ella debía de tomar el desvío que había a la salida de Quiroga, inducida por el mojón, atravesando San Clodio, mientras yo, que había salido por detrás, continuaba por la carretera y la adelantaba yendo toda la jornada por delante, por toda aquella subida por la carretera y por la pista forestal devastada por el fuego para luego descender hasta llegar a Carballo de Lor y posteriormente llegar a A Proba de Brollón para hacer caso a la voz de la Taberna La Vieja y entregarme al placer de una cerveza y la oreja, mientras ella, que ni de lejos iba tocada como en primera instancia pensé, me había alcanzado y llegaba a la par que yo hasta Monforte donde, una vez pasada la estación de tren, en un cruce de calles, junto a una gasolinera, ella en la acera de la izquierda y yo en la acera de la derecha, consultábamos nuestro móvil, yo al menos para localizar donde estaba el albergue que había reservado para pasar noche, supongo que ella hacía lo propio, y cada uno tomábamos una dirección, yo me dirigía hacia la izquierda, el albergue Levamo, donde tenía reserva, está a las afueras, al otro lado de las vías del tren que ya había cruzado por un paso a nivel con barreras, y el suyo debía estar hacía el centro de la población, pues ella tomaba una calle que iba hacia la derecha.

Y hasta ahí nuestro Camino compartido hoy, mañana seguramente volveremos a compartir Camino, pero quizá tampoco volvamos a coincidir en él.

A las 14:43 me hacía el selfie a la puerta del albergue, hacía el cheking, dejaba los bártulos y me apresuraba para ir a comer a un restaurante que me sugerían y que estaba a “solo” 10 minutos andando… por supuesto, antes me descalzaba y ponía las chanclas para que respiren mi doloridos pies. Después de comer, de la ducha y antes de ponerme a escribir, sacaba toda la ropa sucia para aprovechar que aquí hay lavadora y secadora y hacerla colada para empezar de cero con toda la ropa limpia y poder aguantar otros cuatro o cinco días, que a uno le gusta ir en modo peregrino pero, peregrino limpio y aseado.

Mañana será la sexta jornada, la que, si todo va bien y nada me lo impide, me permitirá llegar hasta Chantada. Serán 30,4 Km, según la guía, con fuerte desnivel ascendente hasta más o menos el km 20, con una fuerte caída posterior que dará  paso a un nuevo ascenso, muy vertical, en los últimos seis kilómetros… pero eso lo disfrutaré o padeceré, o ambas cosas, ya mañana, por que mañana, mañana… más!

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