Camino 25 · Prólogo

Oporto – Tui
EL DESTINO
Tras una larga ausencia del Camino, obligada “accidentalmente”, vuelvo a él de nuevo y siendo, en cierto modo, una persona nueva.
Han pasado diecinueve meses desde que me despidiera en Santiago tras haber recorrido el camino Primitivo, posiblemente el más autentico, exigente y técnico que he tenido la suerte de disfrutar, de manera especial todo el recorrido asturiano. En esta ocasión el elegido es un tramo del portugués, el que une Oporto con Tui por el interior. Desde Tui a Santiago ya tuve la fortuna de recorrerlo en octubre del 18, junto a mi compañera de vida. En esta ocasión será una aventura muy corta, escasamente 125 km y tan solo cinco días caminando, pero serán suficientes para quitarme esa especie de morriña, o añoranza, que cada cierto tiempo me empuja a buscar el Camino.
Un año y medio da para mucho, son muchas semanas, muchos días completos, con sus días, sus noches y todas sus horas. En diecinueve meses pueden pasar muchas cosas, pero hay veces, que lo que pasa en un solo segundo… te puede cambiar la vida, a ti y a los tuyos.
Aquel trece de diciembre del 23, en un segundo, a mi me la cambio… el golpe, los huesos contra el asfalto, las vueltas por el suelo, el temor a ser arroyado, parar y levantarme, sentir el dolor en el hombro y la mano. Aún no era consciente de todo, estaba dolorido y en shock, pero sabía que había tenido mucha suerte, estaba vivo.
Ahora, diecisiete meses después, tras haber pasado tres veces por quirófano, después de muchas, muchas horas de rehabilitación, y alguna que aun me queda, con la perspectiva que el tiempo da, sigo siendo consciente de lo afortunado que fui en aquel momento y de lo afortunado que soy de tener toda la buena gente que he tenido y tengo a mi lado, que me ha apoyado, animado y ayudado… los más cercanos y por supuesto mi familia, a los que aquel día, sin haber rozado el asfalto, sintieron el mismo miedo, y el mismo dolor, temiendo por mi suerte.
En los años de toda una vida hay tiempo para que pasen muchas cosas, pero basta un solo segundo para que todo se vaya a negro y dejen de pasar más…
Como no sé cuando, donde y que estaré haciendo cuando llegue ese momento (solo sé que no me cogerá montado en una moto), ahora procuro disfrutar más, enfadarme menos, sobre todo y de manera especial en el entorno laboral, porque tengo un firme propósito y es que cuando llegue, que espero sea dentro de mucho tiempo, me pille lo más feliz posible, tranquilo y en paz conmigo y con toda la buena gente que me rodea.
No seré yo quien afirme o niegue que las acciones están determinadas a que sucedan o no, pero si sé que aquel día, en aquel segundo, algo o alguien medio para que solo fueran huesos rotos… digamos que fue el destino…
Y hablando de destino, corto y cierro que voy en Alsa hasta el mío, en esta ocasión Oporto, donde espero hacer noche en el albergue de peregrinos para mañana, a primera hora, coger el Camino que me lleve en la primera jornada hasta Vilarinho, pero eso será ya mañana, por que mañana… mañana más!
#BuenCamino




