Camino 2026 · 5ª jornada 

Zarautz · Deba

12 · mayo · 2026

NADA QUE VER

Y seguimos in crescendo! Si la jornada de ayer fue bonita, lade hoy lo ha superado con creces…

Salíamos del hostel pasadas las 06:30, nos hacíamos la foto de rigor y, después de compartirla con la familia comenzábamos a caminar por las calles aún aletargadas de Zarautz.

Ayer por la tarde decidimos que hoy saldríamos caminando por la ruta alternativa, la que lleva a Getaria por la costa, una opción un pelín más larga pero también completamente suave, sin desniveles, nada que ver con el sendero oficial del interior, que asciende por la montaña hasta casi los trescientos metros en escasamente dos kilometros, para luego bajar, o no hasta Getaria, es solo una opción, o tirar de frente hasta Askizu, donde ambas opciones confluyen tres kilómetros antes de llegar a la primera población oficial de la jornada, Zumaia.

Sabíamos de antemano las dificultades a las que hoy nos enfrentaríamos, de ahí la decisión de suavizar la jornada en el inicio. Al llegar a Getaria procedíamos como habíamos previsto, tomábamos un café y una pasta en forma de pequeña palmera de hojaldre con anises e inmediatamente después, dar comienzo a la locura de rompe piernas de hoy.

La salida de Getaria se hace prácticamente gateando por una ladera, al principio por terreno firme de pavés con vegetación, hierba crecida sin control entre los adoquines y posteriormente nos adentrábamos en algo parecido a una estrecha calzada romana, siempre en severo ascenso. Después un falso llano de asfalto, posteriormente otra exigente subida pisando hormigón, y así alcanzar Askizu, donde confluían ambos senderos que partían por caminos diferentes desde Zarautz, aproximadamente seis kilómetros atrás. Desde allí, un casi llanear por lo alto, con el mar a la derecha y un espectáculo de intenso verde a la izquierda, un tumulto de montañas desordenadas con sus laderas salpicadas con contados caseríos dispersos y pequeños grupos de distintos herbívoros… vacas, ovejas, caballos, ponis… y todo ello hasta donde alcazaba la vista, a derecha, izquierda, delante y detrás, con un inmenso sombrero de nubes que, a lo lejos sobre el mar, descargaban con contundencia, y que de frente parecían solo amenazar lluvia.

Al final de un sendero que parecía caer al mar, a la izquierda, entre unos arboles talados, atisbábamos abajo, en lo hondo, Zumaia, y acto seguido comenzábamos a precipitarnos por la bajada que nos depositaría en la carretera de entrada para acto seguido cruzar el puente sobre el río Urola y caminar junto al astillero, en paralelo al agua, entrar en la población y de repente, comenzar a gatear nuevamente en ascenso,primero por asfalto y posteriormente por escaleras, junto al cementerio y frente a la ermita de San Telmo, al otro lado del pueblo, y no parar de subir con mayor o menor inclinación en a rampa hasta llegar a Elorriaga. Un pequeño pueblecito con una pequeña ermita, cerrada, pero visible a través de las rejas en las puertas, momento que he aprovechado para echar el segundo rezo del día, el primero lo había echado caminando, como habitualmente hago.

Después de dar gracias por todo lo que tengo, y también por lo que no tenemos cerca a día de hoy en la familia, volvíamos a precipitarnos por una nueva rampa, de asfalto en esta ocasión. El cielo seguía cubierto, amenazante, pero no caía agua, aunque en previsión de que podría empezar a caer en cualquier momento, yo ya había aprovechado un rellano tras un fuerte ascenso para cubrir la mochila con su chubasquero.

Nuevamente a bajar con ganas, y nuevamente a volver a subir, y otra vez a bajar, y otra vez a subir, y todas las rampas y todas pendientes intensamente exageradas.. unas de asfalto, otras de hormigón rayado para que los coche puedan traccionar, y otras por un sendero de piedra, barro, agua corriendo, cayendo sobre las piedras. Antes justo de coger la última fuerte subida a Itziar, la nube que parecía anclada en la coronilla de la montaña, comenzaban a caer las primeras gotas. Nos orillábamos en un lateral para, bajo un imponente nogal, sacar cada uno de la mochila del otro el poncho de agua y ayudarnos entre si a colocarlos para guarecernos lo mejor posible de lo que era la primera lluvia sería en este Camino del Norte, que por suerte para nosotros, y contra todo pronostico inicial, nos había respetado los cuatro primeros días.

Hemos hecho lo que más se hace de momento en este Camino, trepar, para alcanzar Itziar. Justo cuando íbamos a empezar a caminar por una calle que seguía ascendiendo lo que parecía que podía ser el infinito y más allá, veíamos una terraza cubierta con un toldo a la izquierda, que sin duda era de un bar. Para que buscar otro. Aquel era perfecto para parar, quitarnos un rato el poncho que hacía las veces de Sauna Belt y pedir lo de siempre… una coca-cola cero para él, un cortado para mi, y en esta ocasión, dos pintxos, que para algo estamos en tierras vascas, uno de no sé qué que había visto Mariano en la barra, y otro para mi de huevo frito con no sé que, que había visto yo. El se lo comía sentado fuera, a cubierto, yo lo hacia dentro, de pie, sin soltarla mochila pero sin poncho. No quería  salir porque estaba empapado y temía quedarme frío.

En poco másde veinte minutos estábamos nuevamente subiendo por la calle principal, otra vez con el poncho puesto, la lluvia, aunque más tenue, no había cesado y parecía que nos iba a acompañar en la tremenda bajada a Deba, nuestro destino de hoy. 

Nos separaban escasamente tres kilómetros. Habíamos leído que la bajada con agua era peligrosa por resbaladiza. Cuando hemos llegado al borde donde se inicia el descenso hemos podido comprobar que no era broma… era algo parecido a un tobogán de hormigón, en esta ocasión sin rayar, sin hendiduras ni diagonales ni horizontales como en otros casos, era solo hormigón con cantos impresos. Hemos extremado la precaución, porque era evidente que a pesar de llevar buen calzado y con suela de agarre en perfectas condiciones, deslizaba, patinaba la zapatilla y el palo.

No habíamos descendido ni cincuenta metros cuando pegaba un patinazo y pegaba con el glúteo izquierdo primero en el suelo, y posteriormente con el resto del tren inferior, al tiempo que me deslizaba un poco en la propia rampa. Mariano, que se giraba al escuchar lo que había sido el resbalón y el golpe, se acercaba para intentar ayudarme a levantarme, haciendo casi ambos equilibrio para no volver a caer. Desde ese momento hemos extremado al máximo las precauciones para evitar nuevos sustos.

Algo que no ha servido de mucho ya que yo en otra ocasión y el en una, hemos tocado el suelo tras perder el equilibrio tras sendos patinazos.

He recorrido otros Caminos, con subidas y bajadas agresivas y resbaladizas… la entrada a Zubiri lloviendo, la bajada del alto del Perdón en Pamplona, la bajada desde la cruz del Ferro hasta el Acebo de San Miguel primero, y hasta Molinaseca después, pero por mucho que fueran resbaladizas, con el palo, despacio y precaución se consigue mantener la vertical. Lo de hoy, el descenso a Deba con agua es horrible, es una lotería. Hemos bajado muy despacio, con mucho cuidado y, en mi caso, muy acodojadito, o como se diga, hasta alcanzar la llanura de la parte baja de Deba.

Nada que ver. Nada de lo recorrido hasta ahora en los Caminos de Rafa tiene que ver con lo que estoy viviendo en este Camino del Norte. Nunca había experimentado una exigencia igual en las rampas, pero tampoco en las pendientes. Tampoco un rompe piernas tan continuo de subidas y bajadas extremas. Solo llevamos cinco jornadas, aún nos faltan cuatro en este primer tramo, y ya puedo decir que este es el Camino más exigente y agresivo de los que conozco.

Mañana será la sexta jornada, la que nos llevará por el interior hasta Markina. La distancia será similar a la de hoy, 23 km, pero aquí lo de menos es la distancia… hoy se anunciaba un desnivel ascendente acumulado de 772 m, y descendente de 771 m; para mañana, se dice, se rumorea, se comenta que el positivo es de 817 m y negativo de 743. Sobre el perfil de la jornada se observa mucha subida fuerte, alguna bajada, pero parece que menos peligrosa que hoy… mañana veremos lo que nos encontramos y luego os contaré, porque mañana… mañana más.