Camino 2026 · 2ª jornada 

Saint Jean de Luz · Irun

9 · mayo · 2026

ESPAÑA

2ª jornada, ¡concluida! Y superada con creces…

Ayer viernes, mientras daba rienda suelta a mis dedos de trapo para intentar trasmitir con palabras escritas lo vivido, más bien sufrido, en la primera jornada, mi mente, en el fondo, estaba dudando, acongojado, aconjogado (o como se diga), pensando en mi futuro inmediato en este Camino. Como me vería de mal, que creí que no podría salir para afrontar la corta jornada de hoy, de poco más de 16 km. Nunca antes había vivido la sensación de abandono, de no poder continuar… y por suerte, no lo he hecho.

Este Camino del Norte, oficialmente, empieza en Irun, pero como a mi todo se me hace poco, y eso de empezar un poquito más allá y al otro lado de la frontera, parece que me sumara puntos, pues este año decidí que el del Norte lo empezaría en Bayona. Total, era añadirle poco más de 45 km en dos jornadas. Las cuales servirían para aclimatarme antes de afrontar las míticas jornadas “técnicas” del inicio de este Camino del Norte.

Hoy, ya en Irun, después de estos dos días de “adaptación” por suelo francés, siendo consciente de que el Camino del Norte, el de verdad, empieza mañana, solo alcanzo a pensar… Bendita adaptación, maldita decisión! (o viceversa), bendita decisión, maldita adaptación!

La jornada de hoy ha sido de trámite. Y no solo sobre el papel o plano, también, y por fortuna, para mi. Además de unas condiciones climatológicas maravillosas; no hemos tenido lluvia, ni sol, ni viento, ni frío, ni calor. Ha habido incluso algún que otro desnivel con cierta, o mínima, relevancia. Preludio, a modo de aviso inocente, de lo que nos espera en los próximos días hasta llegar a Bilbo.

Esta mañana he dado gracias a Dios. Cierto es que lo hago a diario, incluso cuando no estoy en el Camino. Pero en el Camino, pasa eso que decían en los primeros años de Gran Hermano, todo se magnifica, o quizá yo tengo la piel, y todo, más sensible. Hoy, después de lo padecido ayer, tocaba agradecer…

Salíamos de albergue de St. Jean de Luz después de la ducha, de recoger aperos, del desayuno, de estirar… lo hacía, posiblemente, más tarde que nunca. Hoy no había prisa, la jornada era corta y habíamos leído que el albergue de peregrinos de Irun no abría sus puertas hasta las 16:00, por lo que las 08:14 era una hora tan perfecta como improvisada, para partir. 

Antes de abrir por dentro la puerta del albergue, le pedía a Mariano que posase junto al cartel que informaba de la distancia que, una vez superado aquel umbral, distaba del objetivo final de todo peregrino… la plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela… 825 km, distancia que no cubriremos de esta tirada, pero que esperamos y deseamos completar algún día, por ejemplo, dentro de un par de años, si el cuerpo lo permite y la salud, ni nada, lo impide.

La jornada de hoy ha sido menos larga, y sobre todo menos dura. Seguramente tenga mucho que ver las “condiciones” en general, y las nuestras en particular. 

Ayer, antes de las 21:30 estaba en horizontal, dentro del saco, en una de las camas inferiores de las seis literas, perfectamente ubicadas en la habitación comunitaria del fantástico albergue de peregrinos de Saint Jean de Luz. Mariano, mi fiel y pendiente escudero en esta aventura, descansaba plácidamente en la cama inferior de la litera que había a mi izquierda. Lo hacia profundamente desde hacia ya tiempo, más que el último corte de publicidad de antena 3, antes del final de su programa en prime time. Solo él, y una peregrina francesa, que finalizaba ayer su Camino en SJdL, compartían habitación conmigo, un privilegio! 3 de 12!!!

Este albergue es, sin duda, un 10! Tanto las instalaciones como la atención de los hospitaleros que nos han tocado en suerte (cambian cada 15 días), han sido un lujo. Sirva como reseña, había que dejarlo escrito y, de momento, aquí lo hago… el momento reseña Google ya llegará.

Esta mañana, después de la ducha, mientras recogía los bártulos, preparaba la mochila y tomaba el rico y aromático café de “Melitta”, mis sensaciones eran positivas, me parecía mentira que, incluso haciendo después algún ejercicio de calentamiento y estiramiento antes de calzarme, el infernal dolor en el talón izquierdo de la jornada anterior era solo una pequeña molestia… la cosa pintaba bien, muy bien incluso, teniendo en cuenta que iba a ser la segunda jornada de adaptación, esta además de trámite.

Hemos partido del albergue y caminado por las calles, aun desiertas, en dirección al puente de Santiago, para cruzarlo y dejar atrás la preciosa localidad de SJdL. Avanzábamos a buen ritmo. Yo lo hacia vigilando sensaciones y con alegría por los registros positivos. Tenía una ligera molestia, pero no sentía dolor. Mi compañero era consciente de que mis maneras, ritmo y actitud difería notablemente del día anterior, y me lo hacia saber… me decía, hoy vas mejor que ayer, eh! hablas y estas contento… y era cierto. Aun llevábamos poca distancia recorrida cuando me hacía ese comentario, dos o tres kilometros solo, pero efectivamente, hoy tenía una dolencia, pero ambos habíamos descansado; a él también se le notaba que tenía otro aire.

A las 09:30 llegábamos a Urrugne, un pueblecito típico vasco-francés, que nos recibía con los brazos abiertos, quien dice brazos, dice Iglesia… entrábamos por su estrecha puerta y mientras me deleitaba  con lo que veía, aprovechaba para echar “un rezo” y dar gracias “por no ahogar a pesar de apretar”. Una vez fuera del precioso templo, el bar de enfrente le hacía un guiño a mi compañero y le invitaba a que soltásemos la mochila y nos sentáramos a tomar un café noisette y una coca-cola cero. Accedíamos para, quince minutos después, volver nuevamente a caminar.

Nunca he sido muy fan de parar, soltar la mochila, sentarme y volver luego a cargar y arrancar, prefiero encontrar el ritmo apropiado, para mi, para al terreno y para el perfil, y solo detenerme para hacer alguna foto, llenar la garrafa de agua y poco más. Desde hace tiempo no paro ni para pellizcar un trozo de jamón o cortar una rodaja de chorizo, antes lo hacia, pero ahora, desde hace unos años, intento ser constante y no romperme el ritmo. 

En mi actual estado, con esta molestia, nueva para mi, tengo claro que no puedo parar, sentarme, tomar algo y volver a comenzar… hoy, tras la paradiña en Urrugne para echarme ese café, volver a recuperar las buenas sensaciones me ha costado prácticamente dos o tres kilometros, o sea que salvo necesidad… vuelvo a mis rutinas, non stop!

Afortunadamente hoy ha habido algo menos de asfalto que ayer. Lo de ayer fue un castigo en toda regla. Salvo en un par de pequeños tramos en los que pudimos pisar tierra o vegetación, el resto fue asfalto u hormigón. Hasta las aceras eran de alquitrán. Si ayer, el 85 o 90%, fue asfalto, hoy la proporción ha descendido al 55% o 60%. Mucho todavía, pero menos. Algo que, al menos yo, agradezco siempre y más en mis actuales condiciones. Hoy hemos caminado pisando y atravesando parajes preciosos, pero posiblemente nada comparado con lo que aún nos espera.

Después de dejar atrás estas dos jornadas de transición en Francia, hemos entrado en España dejando atrás Hendaya al cruzar el Bidasoa y llegar a Irun, y aquí, para bien y para mal, todo cambia… para bien, por ejemplo, el idioma, en España, cuando te hablan sabes lo que dicen, aunque no lo entiendas ni compartas. En este país, España, incluso estando en Euskadi, para tomar una cerveza, solo tienes que entrar a un bar y pedirla, no es necesario pedir un plato de comida, aunque para acompañar la cerveza solemos pedir algo para picar; un torrezno (o barrita energética), una croqueta, un pincho de lo que sea, o simplemente… una cerveza, a palo seco. Aquí, el Camino, además de algo de asfalto, suele tener largos tramos de senderos de tierra con vegetación a ambos lados, incluso arboles y bosques que lo flanquean, y grandes desniveles, subidas y bajadas… incluso, depende del Camino, muchas subidas y bajadas continuas… no como en estos últimos dos días, en los que por suerte para mi, “solo” ha sido un paseo.

Mañana, si Dios quiere y mi cuerpo lo permite, caminando exclusivamente por suelo español, llegaremos a San Sebastian. Lo haremos después de trepar hasta el santuario de Guadalupe, de 0 m sobre el nivel del mar a los 200 m en poco más de 2 km, luego llegaremos a Pasajes de San Juan tras subir y bajar en la primera montaña rusa que nos encontraremos en este Camino del Norte. Al descender hasta pasajes, a nivel del mar, cogeremos una barca que nos llevará hasta la otra orilla de la ría, para volver a montarnos en una nueva montaña rusa que nos depositará, 7 kilometros más allá, en San Sebastian, y ojalá lo pueda caminar, disfrutar y sufrir, para luego contarlo en mi relato de mañana. Pero eso será ya mañana, porque mañana, de momento… mañana más.