Camino 2026 · 1ª jornada 

Bayonne ·  Saint Jean de Luz

8 · mayo · 2026

CONDICIONES

La jornada comenzaba justo cuando terminaba el viaje en bus blablacar. Eran las 05:06 cuando se encendían las luces en el interior del bus y el conductor decía “próxima parada: Bayonne”.

Literal. Nos deteníamos junto a una marquesina de parada de autobuses, en una avenida amplia, despejada de coches, y en paralelo al cauce de un río. Se abría la puerta delantera y por ella descendíamos media docena de viajeros, Mariano y yo,  los únicos españoles, el resto, dos mujeres y dos hombres, que viajaban por separado, eran aparentemente francófonos de apariencia musulmana, en el caso de ellas era evidente por llevar el cabello cubierto, en el caso de uno de ellos, por apariencia, facciones, color de piel y por deducción, o simplemente asociación facilonga, el otro, el único que aparentaba no compartir islamismo, recogía su mochila de peregrino y se situaba en la marquesina, junto a una joven francesa, acompañada de quien parecía ser su madre y un labrador Retriever tumbado plácidamente junto a la mochila, prevista de chubasquero, de su amita. El individuo de origen y procedencia desconocida, en voz baja, tímida y francés más inseguro que el mio, nos decía algo de lo que solo entendía “bus y Saint Jean Pied de Port”. Por deducción rápida me aventuré a decir en mi inglés chapurreado de aquella manera; “Yes, is here. The bus for Saint Jean pie de Port in here”, como si lo cogiese o viese pasar por allí todas las mañanas. En la acera, mientras recogíamos del maletero inferior nuestro equipaje, se disponían en fila al menos una decena o docena de personas, junto con sus maletas para presentar el billete, dejar los bultos en el portaequipajes y subir al bus con destino París, posiblemente con alguna parada intermedia. 

Tres de los recién llegados desaparecían en distintas direcciones, mientras que uno se quedaba en la marquesina junto a la chica, la señora que podía ser su madre y el perro, Mariano y yo, después de localizar visualmente la torre de la catedral, al otro lado del río, y con ayuda de google maps, nos dirigíamos hasta allí, sabiendo que el Camino, por norma general, parte desde ese punto. Han sido poco menos de tres kilómetros en los que hemos invertido casi una hora. Nos lo habíamos tomado con mucha calma, pues la intención era hacer tiempo para que abriesen algún local donde poder tomar un café, pero sobre todo comprar agua ya que Mariano no llevaba NADA, y a mi me quedaba menos de media garrafa. 

Cómo es lógico, todo estaba cerrado. Prácticamente nadie por las calles, solo los trabajadores del servicio de limpieza y algún joven disperso que regresaba de una “entretenida” noche de jueves, con caminar lento y vacilante, acompañado de esos efluvios etílicos que pesan más que la mochila de un peregrino. Después de dejar atrás la Catedral de inconfundible estilo gótico de Sainte Marie de Bayona, mientras caminábamos por la rúe d`espagne buscando sin ninguna esperanza el milagro imposible de encontrar algo abierto, nos acercábamos a dos chicas sentadas en el zócalo de un escaparate. Conversaban en voz baja, pero el silencio, solo roto por nuestros pasos, evidenciaba que hablaban en inglés… paraban su conversación, nos miraban y aprovechábamos para decir un “bonyuu” seguido de un “buen día”, y viceversa, vamos, que Mariano y yo no nos habíamos puesto de acuerdo a saludar en el mismo idioma, ni por el mismo orden, ni en su lengua, una de ellas nos respondían igual, con un “bonyú” impostado y un “buenos días” similar. Le preguntábamos entre francés, español, inglés y el socorrido e internacional idioma de gestos, si sabían de algún sitio cerca para tomar un café. Ellas, desconocedoras de la hora que realmente era, mientras una decía en español raro, algo así como que a las cuatro de la mañana no hay nada abierto, la otra miraba el movil como queriendo localizar algo y le decía a su compañera algo que nos traducía con “hay uno aquí cerca que abre a las 06:30, un sitio de cafés y sandwiches”.

Después de dedicar unos instantes en explicarles que eran casi las seis de la mañana, no las cuatro, y de que una de ellas nos dijese que su español era muy malo, porque además no era español sino mexicano, las dejábamos disponiéndose a tocar retirada, porque evidentemente se les había hecho más tarde de lo que ellas creían creer, avanzábamos calle de España abajo con la seria duda de si comenzar la jornada y confiar en encontrar algo abierto más adelante para poder comprar agua o, por el contrario, invertir media hora en seguridad aparentando perderla…

Por suerte, Mariano, que era el más lazado, ha entrado en razones y ha accedido a “dar otra vuelta” a ver si encontrábamos el sitio que, las que hemos supuesto americanas de Erasmus, nos habían anunciado. Después de volver atrás y recuperar el Camino oficial, tras intentarlo en el mercado de abastos (que increíblemente abría a las 07:30), hemos optado por dar una vuelta más, a ver si teníamos  suerte y dábamos con el supuesto “oasis”.

¡Voilà! A las 06:17, veíamos, de refilón, dos personas que parecían mirar hacia un escaparate y uno de ellos fumaba un pitillo con una mano y con la otra sujetaba lo que parecía un vaso… ¡Niño, es ahí! Le aseveraba a mi compañero, con probablemente más alegría que la de Rodrigo de Triana mientras gritaba aquello de  “tierra a la vista”.

Hemos pedido y tomado dos cafés con leche, él un donuts sin agujero relleno de frambuesa, y dos botellas de agua grandes (aquí, de momento no saben lo que es una botella de agua grande), nos han dado dos de un litro que hemos destinado para rellenar cada uno su garrafa, cortesía de tttSantiago.com y, después de dar cuenta de los cafés, y Mariano de su bollo, hemos vuelto a cargar con las mochilas y, ahora sí, a las 06:33 enfilar el recorrido que nos llevaría, paso a paso, hasta las afueras de la extensa ciudad de Bayona.

La jornada de hoy ha sido DURA, no ha sido muy técnica, no ha tenido grandes desniveles, ni subidas ni bajadas muy pronunciadas. El clima ha sido perfecto, ni calor ni agua (ni una gota), tampoco ha sido excesivamente larga… 30 km; más los casi tres recorridos desde la parada del bus hasta dar con nuestro “oasis” de hoy en forma de café, y sobre todo agua potable, pero hoy puedo decir que ha sido una jornada… DURA!

Hace dos lunes, el pasado día 27, cuando me dirigía desde casa como todas las mañanas, a eso de las 06:50, caminando hasta el gimnasio, que abre a las 7, para poner en práctica mi rutina de lunes a viernes de nadar y hacer mis 100 largos diarios, entre 42 y 44 minutos de aeróbico; cuando no había doblado aun la esquina, noté, de repente, un pinchazo en el talón del pie izquierdo. No me alarmé, pero si me extrañó. Estuve nadando normal y, cuando salí del gimnasio, mientras caminaba para ir a coger el bus e ir a la oficina, percibí que la molestia, el dolor, seguía ahí. Viendo que a lo largo de la mañana no cesaba, e incluso se agudizaba, envié mensaje a la que lleva siendo mi fisio desde hace prácticamente 20 años, las mejores manos del mundo mundial y parte de España… esa misma tarde me hizo un hueco y me trato, parecía, a todas luces, una fascitis plantar. 

Alicia me ha tratado un día si y otro no. Es consciente de lo importante que es para mi el Camino y lo próximo que estaba. También de que yo no iba a cesar en mi empeño de venir al Camino, y menos este año que no venía solo y lo había organizado con otra persona, por eso su empeño y dedicación, y el mío aprendiendo del tutorial que me ha dado insitu en estas dos semanas para que, aquí, en el Camino, valiéndome de sus enseñanzas y de la crema “mágica-sanadora” que me ha proporcionado, me auto masajee y trate para intentar solventar las posibles molestias y dolencias que podrían aparecer…  

Y que hoy han aparecido ¡desde el kilometro tres!

Ha sido una jornada de resistencia, de mentalización, de analizar y estudiar el dolor, de control para, como ella siempre dice, no modificar tanto la pisada que, para evitar el dolor en la zona afectada, sobrecargue otras que deriven en un colapso que impida poder continuar, y no puedo estar más satisfecho, ni más hecho mierda cuando he llegado… pero he llegado y he controlado el dolor, la pisada. Cierto es que cuando estaba llegando al albergue he pensado, si llegan a quedar 3 km más creo que no hubiera podido llegar… pero se que si lo hubiera hecho, lo que pasa es que creo es algo similar a cuando uno necesita ir al baño porque parece que le estalla la vejiga, que justo cuando ya roza con la llave la cerradura de la puerta de casa piensa que no puede aguantar más y no va a poder resistir los 15 pasos que le separan de baño… hoy he sentido lo mismo, pero estoy convencido que si el baño hubiera estado dos pisos más arriba y sin ascensor, hubiera podido mantener a raya a la vejiga.

Ahora, ya en el albergue, después del jabón de la ducha reparadora, del contraste de agua caliente y fría en pies, piernas y glúteos, después de haber puesto en practica las enseñanzas de Alicia, con sus cremas pero con mis torpes manos, y tras haberme puesto hielo en la zona, la cosa va mejor, mucho mejor, y podría beberme seguramente tres vasos de agua sin temor a estallar ni correr en busca de un baño, ahora estoy casi en condiciones…

Y que importantes son las condiciones…

Hoy las condiciones han sido las que han sido:

Las meteorológicas fantásticas.

La orografía y el perfil de la jornada, muy suave y llevadero.

El terreno o firme a pisar, horrible. 85% asfalto.

La distancia, asumible.

Las personales, LAMENTABLES!

A la dolencia plantar de mi pie izquierdo hay que añadirle la falta de descanso.

Hoy, por primera vez, he comenzado a caminar sin haber dormido a penas. Ayer, en el bus, solo conseguí quedarme dormido, traspuesto, sin sueño profundo, después de la parada que hicimos llegando a Vitoria, donde nos detuvimos entre las 02:30 y las 03:00 para descanso del pasaje, y principalmente del conductor, quien aprovecho para meterse una buen vaso de café solo. Cuándo reanudamos la marcha conseguí dar una buena cabezada hasta poco antes de entrar en San Sebastian, para dejar y recoger viajeros, después, hasta llegar a destino, no volví a dormir, y eso, eso también ha pasado factura, porque igual de importante es comer, beber, que descansar, y yo, ayer, no lo hice, y hoy no he salido, de ninguna de las maneras, en condiciones para caminar 30 km…

Ahora, las 20:20, ya cenado, lo he hecho mientras escribía, me voy a disponer a dar por concluido el relato de hoy para, después de subirlo al blog junto con alguna foto, darme unas ultimas friegas en la zona con la crema y las instrucciones de mi fisio, acostarme, e intentar dormir a pierna suelta, para descansar con un sueño reparador y, mañana, afrontar una nueva jornada, la 2ª, corta, de unos 15 km, que nos llevará hasta Irún, pero eso, eso será ya mañana, porque mañana, mañana más.